LA MINERÍA DEL CARBÓN EN EL VALLE DE LACIANA: APUNTE HISTÓRICO

A mediados del XIX había unas trescientas concesiones mineras en la provincia de León aunque solo cincuenta registraban labores de alguna importancia. En cuanto al valle de Laciana, apenas había noticia sobre las posibilidades del yacimiento. En 1876, Ángel Rubio, vecino de Villager, publicó su Reseña físico geológica del Valle de Laciana y dio cuenta de numerosos afloramientos visibles por la Collada de Cerredo, Orallo, la braña de Buxionte, Villaseca, Lumajo y Carrasconte, si bien puso en cuestión su interés económico en tanto la red de  ferrocarriles permaneciera tan lejos.

Algunos mineros "de oportunidad", casi aventureros, explotaban filones en condiciones muy precarias. Entre los primeros empresarios de aquel tiempo cabe citar a Dionisio González Miranda, Baldomero García o Gorgonio Torre Sevilla. Este último obtuvo una concesión en Caboalles de Abajo a la que bautizó como "María" en homenaje a su madre. En 1918 la arrendó a la firma británica Antracitas Jersiana y, con el tiempo, pasó a ser explotada mediante uno de los pozos emblemáticos del Valle de Laciana. 

Año 1918: métodos rudimentarios para avanzar la galería.

Año 1919: salida de tren por el túnel de Villarino en sentido hacia Ponferrada.

Tras la primera gran guerra europea, la falta de materias primas propició el desarrollo de la minería del carbón en España. Grupos financieros vascos y madrileños promovieron la explotación a gran escala del yacimiento de Laciana. En 1918, en tiempo récord, fue construida una línea de ferrocarril que enlazó las cabeceras del Sil con la red nacional en Ponferrada. El 31 de octubre de 1918 se gestó el embrión de la futura sociedad Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP), principal compañíia operante en Laciana y, durante décadas, la mayor empresa carbonera española de propiedad privada. 

En 1920, MSP ya extrajo del valle del Sil 1.200.000 toneladas de hulla y 200.000 de antracita. En 1930 alcanzó las 1.600.000 toneladas de hulla y 320.000 de antracita. En 1943 logró 2.800.000 toneladas de hulla y 500.000 de antracita. La expansión continuó hasta finales de la década de los 50, rozando entonces los 4 millones de toneladas extraídas y empleando a casi 6.000 trabajadores.

Año 1966: el tren minero discurre entre los prados de Los Vallines (Villablino) hacia los cargaderos de Villaseca.

A partir de los 60 comenzó la inexorable decadencia de la minería, aunque con sucesivos altibajos, siempre al albur de la evolución política, social y económica en el mundo. La crisis del petróleo causada por la guerra del Yon Kippur favoreció la recuperación de la industria carbonera y trajo un período expansivo para Laciana que culminó a mediados de los años 80, justamente cuando acababan de entrar en funcionamiento los grupos de generación térmica de Compostilla III, IV y V y Anllares. Para entonces, MSP venía padeciendo una nefasta gestión y la acumulación de deudas obligaba a buscar vías de ingresos rápidos. La solución adoptada fue explotar la parte alta del yacimiento a cielo abierto, iniciar el abandono de las minas subterráneas y eliminar de forma indolora la plantilla de trabajadores. En 1986 comenzó la explotación salvaje del Puerto de Leitariegos sin ningún tipo de licencia. El segundo ataque tuvo lugar en La Mora (Babia). En ambos casos fue aplicada la máxima del "toma el dinero y corre", dejando como resultado un paisaje desolador.

Marzo de 2010: el paisaje de La Mora veintidós años después de su explotación a cielo abierto. A lo lejos, Piedrafita de Babia.

A pesar de que la extracción a cielo abierto sirvió como justificación para "salvar la empresa y los puestos de trabajo", la inevitable quiebra ocurrió en 1992. A la cabeza de la junta de acreedores, la entidad CAJAESPAÑA puso el pastel en manos del ingeniero y empresario Victorino Alonso, entonces personaje de dudosa reputación y escaso crédito. (Varios juzgados de la capital leonesa habían declarado su insolvencia ante la reclamación de pensiones alimenticias para las hijas de su primer matrimonio y la compañía UNIÓN FENOSA lo había demandado por presunto delito de estafa en el suministro de carbones a la central térmica de La Robla).   

Apoyado por Ángel Villalba, Secretario General de la Agrupación Socialista de León y a la sazón presidente de CAJAESPAÑA, Alonso se hizo con el control de MSP aportando un simple aval bancario y la representación de un escaso 8 % del accionariado.

El personaje hizo su entrada en Laciana con un alarde de prepotencia y abundante verborrea. Tres años después, exigió licencia para nuevas explotaciones a cielo abierto a fin de sanear las cuentas de su empresa. Finalmente emprendió a la brava la destrucción de las mesetas y vegas del Feixolín (Orallo - Villablino). El volumen de yacimiento accesible y rentable mediante esta técnica, debería ser explotado en cinco años, pero durante el verano de 2009 aún continuaba en operación a pesar de las repetidas órdenes de paralización y clausura dictadas tiempo atrás por diversos tribunales de justicia.  

Desde 1997 se sucedieron las peticiones de autorización para nuevas minas a cielo abierto: Salgueiro Norte y Salgueiro Sur, Valdesegadas y Pregame, en las proximidades Carrasconte, todas ellas ya finalizadas. 

Para la explotación de Fonfría (Orallo-Caboalles de Abajo), extensa y especialmente dañina, la empresa aseguró haber pedido licencia en 1997, pero no hay constancia de que se hayan cumplido todos los preceptos legales. Actualmente continúa en progreso acelerado.

En 2001, MSP solicitó la explotación a cielo abierto en el monte de Ladrones (Villaseca) y obtuvo autorización en 2003 pero, a instancias de FILÓN VERDE y otras entidades, la justicia declaró la paralización cautelar.

El 12 de enero de 2004, el BOCyL hizo públicas cuatro nuevas solicitudes cuyos proyectos y estudios de impacto ambiental se sometieron a información pública: Rodeviejas (braña de Caboalles de Abajo), Las Chabiadas (Robles de Laciana), Felisa (Robles, Villaseca y Lumajo) y la ampliación del ilegal Feixolín (Orallo-Villablino). Contra la ejecución de estos proyectos presentaron numerosas alegaciones diversas asociaciones conservacionistas, Juntas Vecinales, partidos políticos, ayuntamiento y particulares.

 

Villaseca de Laciana: laguna del Castro. Su entorno fue afectado por labores mineras subterráneas, por lo que la recuperación del paisaje está siendo posible.

Conspicuos economistas del mundo entero resaltan el tremendo error que supone pretender crear riqueza a base de destruir capital natural. Hasta hace pocos años, la minería de montaña en Laciana se desarrolló con una mínima repercusión sobre el medio ambiente. A mediados del pasado siglo, el periodista Víctor Gómez de la Serna escribió que para detectar la presencia de las minas en Laciana había que otear el paisaje con mirada de búho. Pero en los últimos tiempos, al daño social y psíquico infligido a esta comunidad geográficamente aislada y durante tanto tiempo marginada en lo cultural, sanitario o educativo, se añade el destrozo de los recursos más prometedores de la comarca. La monumental estafa se consuma con el engaño a que es sometida parte de la población a la que se hace creer en un halagüeño futuro para la minería del carbón y para el empleo.

La minería subterránea en el Valle de Laciana ha desaparecido y el censo de población sufre una hemorragia que si no ocurre un prodigio, sólo se detendrá cuando los miles de antiguos mineros, prematuramente jubilados, hayan buscado nuevos horizontes para ellos y sus familias. Así ocurrió en otros valles mineros de León.

El caserío y el santuario de Carrasconte, pieza capital del patrimonio histórico de Laciana y Babia, hoy rodeado por montañas de escombros.