OPINIÓN

FILÓN VERDE y diverso

La ecología se define como la parte de la sociología que estudia la relación entre los grupos humanos y su ambiente, tanto físico como social. A FILÓN VERDE se le califica como grupo ecologista y es una definición correcta porque todos los miembros de esta plataforma reivindicativa tienen una motivación común: la defensa ecológica. Sin embargo, no todos -me refiero ahora al núcleo generalmente más activo de FILÓN VERDE, que es el que mejor conozco- experimentan los mismos estímulos y con igual intensidad dentro de esa motivación común. Dicho de otro modo, no todos suelen evaluar los daños que causa la minería a cielo abierto en las áreas de Interés Comunitario y Reservas de la Biosfera de Laciana y Babia desde un punto de vista absolutamente idéntico. Unos encuentran su acicate principalmente en la custodia de la biodiversidad, a otros en la del patrimonio o en la protección de la salud pública o en velar por la aplicación del derecho o la justicia. Y hay quien, decantándose por hacer pedagogía para idiotas, prefiere dar la batalla en el campo puramente contante y sonante, haciendo suya la frase lapidaria atribuida a Clinton: "¡Es la economía, imbécil!”. Al final, todo está íntimamente relacionado, todo es ecología.

Hablemos de paisaje. El Convenio Europeo del Paisaje, aprobado en Florencia en el año 2000 y del que es signatario el gobierno de España, recoge la preocupación por alcanzar un desarrollo sostenible basado en una relación equilibrada y armoniosa entre las necesidades sociales, la economía y el medio ambiente. En sucesivos párrafos se refiere al importante papel que juega el paisaje en el interés general, sobre los planos cultural, ecológico, medioambiental y social, constituyendo un recurso favorable a la actividad económica cuya protección, gestión y ordenación apropiadas pueden contribuir a la creación de empleo. Recuerda lo obvio: que el paisaje es un elemento capital en la calidad de vida de la población, para todos y en todas partes, en el medio urbano y en el medio rural, en áreas tanto degradadas como de gran calidad, en los espacios reconocidos como sobresalientes y en los lugares donde discurre la vida cotidiana de cada cual. Y que, como componente esencial del bienestar individual y social,  su protección, gestión y ordenación implica derechos y responsabilidades para cada uno.

 

 

Hace tiempo que la  Junta de Castilla y León trató de colar ante la CE las explotaciones de carbón a cielo abierto en Laciana y Babia como actividades de alto interés social. Una sentencia del Tribunal Supremo de 19 de junio de 1991 recoge que la apreciación del interés social habrá de definirse no sólo en relación con el uso o actividad que se pretende, sino también atendiendo a otra serie de factores como son el económico, socio-cultural o ambiental, y siempre referidos a la sociedad en su conjunto y no únicamente a la que se vea directamente afectada por la instalación en cuestión. El dictamen parece indiscutible.

El ex ministro socialista Jordi Sevilla casi dio por hecho que cualquiera puede asimilar los conceptos fundamentales de la ciencia económica en dos tardes. Pero los hay tan lerdos que no aprenderían ni en dos siglos. Los hay tan lerdos como para afirmar que del carbón se come y de los montes no.  Lo cierto es que del carbón comen ya muy pocos, aunque comen muy bien. Hace unos cuantos años, la empresa Minero Siderúrgica de Ponferrada, hoy Coto Minero Cantábrico, ya bajo la dirección -al menos aparente- del inefable Victorino Alonso, en la vallina al norte de la Chana Redonda de Sosas de Laciana, entre las cotas 1.300 y 1.600, preparó un artificio de zanjas, balsas, estructuras metálicas, rotundas soleras, muros de hormigón, chapas, plásticos, planchas de fibra de vidrio, escombreras, kilómetros de pistas, un transversal y varias galerías con la disculpa de explotar ubérrimas capas de carbón mediante minería subterránea, es decir, minería con mineros. Aquella magnífica ubre estaba llamada a ser fértil durante lustros pero lo cierto es que, al poco tiempo, el empresario incontinente, caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese, y no hubo nada

Pero hete aquí que, más adelante, la empresa MSP fue agraciada con 97.000.000 pesetas con cargo al erario europeo en concepto de restauración de los daños perpetrados en aquel paraje de muy alto valor ecológico, o sea, de alto valor económico, socio-cultural y ambiental. (Véase el Official Journal of de European Union de 1.5.2003).

 

Lo que muestra la anterior galería fotográfica (pincha y amplía cada foto para verla mejor) es lo que allí puede verse ahora mismo. La braña de la Cabana Nueva arrasada. Escombreras, chatarra y materiales extraños por doquier. Un arroyo absolutamente contaminado. Unas presuntas balsas de decantación que ofenden a la razón, absolutamente inútiles, a cuyo través sigue fluyendo la porquería en suspensión camino del muy cercano lugar de captación de aguas desde donde se abastece Villablino. (Da miedo pensar en lo que esta población bebió durante la década de los años 90 … y aún ahora).

Si el regalo de los noventa y siete millones se hizo efectivo, ¿qué organismo y qué funcionario y qué ejecutivo certificaron que la restauración de este paraje de Sosas se llevó a cabo y, por tanto, quién facilitó que la subvención llegara a manos de los que comen del carbón y comen bien? ¿Qué políticos lerdos –o todo lo contrario- vienen defendiendo desde hace veinte años la minería a cielo abierto y editando al mismo tiempo penosas guías turísticas que pretenden cantar las excelencias de las aguas y de los montes oseros y de las desaparecidas brañas del valle de Laciana?

Escandalosas actuaciones como ésta se dan en la comarca a todas horas y apenas nadie reacciona. Parece que todo el mundo aguarda a que las cosas se resuelvan por sí mismas. Se palpa una pusilanimidad suicida. Nadie habla en alta voz. Sólo en privado se escuchan airadas quejas y lamentos casi siempre disparatados. Y la palabrería de los políticos no es huera como muchos creen. Es narcótica y de alta efectividad. Cuando todo estalle, los ecologistas cargarán con la culpa. Y a ellos ... que les quiten lo bailao.