Laciana, otra vez

La comarca de Laciana tiene una genética no sé si rara o atípica. En los valles en los que se asienta la población confluyen y se entremezclan, como en pocos parajes, el espíritu endurecido del agricultor y ganadero de la alta montaña con el verbo cercano del asturiano y el ánimo del comerciante y aventurero berciano, que antes de asentarse para echar raíces surcó los mundos de ultramar. Así se forjó una casta de gentes que a principios del pasado siglo dejó la rigurosidad de la montaña para adentrarse poco a poco en las entrañas de la tierra y para escarbar el carbón que generó un crecimiento impensable entonces, a partir de la década de los años 70 del pasado siglo.

Pero aquel espejismo no duró demasiado tiempo; el declive del valle llegó con el anunció del fin a las explotaciones de interior desde aquella primera epopeya del encierro en el mítico pozo de Calderón y aquella marcha minera de hace casi 20 años, cuando la MSP parecía que tenía los días contados; y lo cierto es que los tenía, pero antes de certificar su defunción había que preparar el terreno para que la dinamita descarnase los mantos verdes.

¿Cómo es posible que Laciana haya pasado en muy pocos años de la prosperidad sustentada en una minería de interior sólida a convertirse en un páramo desolado?. La negación casi definitiva al proyecto de un Parador Nacional para la capital lacianiega es un episodio más de toda una cadena de despropósitos políticos que han conducido a este 2012, en el que incluso en algunos momentos se abrió la veda contra toda persona que se posicionara a favor de un uso mucho más racional de los recursos del entorno; la caza del verde.

Aunque pase tiempo, y tal y como ahora zumba el panorama nadie dice ni pío, tarde o temprano alguien deberá explicar dónde han ido parar ingentes cantidades de recursos públicos, millones de euros, que debían sustentar la diversificación y el cambio de los medios productivos en Laciana, que tendrían que haberse traducido carreteras o autovías que generasen una red de comunicación cómoda y segura hacia los cuatro puntos cardinales.

En este punto, durante algunos años se barajó la posibilidad de vertebrar todo el norte desde Galicia hasta Cataluña, en principio concebida como una vía de alta penetración con un ramal de salida cercano a Villablino, aunque, como ha sucedido con el Parador, es uno de esos muchos sueños que nos hemos creído y que, pasado el tiempo, comprobamos que desde el principio ningún político, ningún partido, ha tenido la más mínima intención de llevar a cabo.

Los lacianiegos fueron capaces de frenar momentáneamente el cierre de las minas, no como sucedió en Sabero que de la noche a la mañana se enteraron del cierre de la compañía, Hulleras de Sabero, en 1991, y aún no había surgido el Plan del Carbón que se negoció y cerró siete años después. Durante muchos años la verborrea de miles y miles de millones para relanzar las comarcas mineras flotaba en el aire como globos pinchados mientras poco a poco se sumergían en un deterioro sin retorno, a medida que los cielos abiertos ganaban terreno y multiplicaban los beneficios hasta llegar al momento actual; los montes de Laciana parecen lo que son; paisajes inhóspitos, desolados, perdidos.

Explotaciones Fonfría y Feixolín (Laciana) el  10 de marzo de 2012 (Foto FV)

El proyecto de Paradores en Villablino generó una lógica expectación porque podía convertirse en un buen embajador de un paraje de una profunda belleza natural que no ha sabido vender su excelencias y que, en su corta historia reciente, no ha contado con el beneplácito de las grandes formaciones que jamás prestaron la más mínima atención a una comarca que poco a poco ha perdido su vigor, mientras todo el mundillo político miraba para otro lado. La mina pasó de ser una forma de vida que continuaba en la siguiente generación a convertirse en un bien escaso, que moldeado con el barro de la avaricia, como ha sucedido en estos últimos años en esta tierra que tanto asombró a Gómez de la Serna, es el mejor de los recursos mantener la tensión y el enfrentamiento entre vecinos; y así resulta muy difícil reflexionar sobre una situación ahora muy compleja para reconducir.